jueves, agosto 27, 2009
lunes, agosto 17, 2009
Elvis, hace 32 años que terminó su vida y comenzó su leyenda
Ha fallecido Les Paul
Dio nombre la famosa Gibson Les Paul.
Descanse en paz
lunes, agosto 03, 2009
jueves, julio 23, 2009
Autenticidad
domingo, julio 19, 2009
When I was younger ...
…cuando los Reyes eran Magos.
…cuando la felicidad tenía forma de cromo.
…cuando un problema era no hacer los deberes.
…cuando mis padres no tenían defectos.
…cuando jugaba con chapas, no con sentimientos.
…cuando los cuentos eran de Caperucita.
…cuando el amor no tenía postdatas.
…cuando no conocía la melancolía.
…cuando mis amigos no tenían excusas.
…cuando no había roto nunca un plato.
…cuando no existía el pasado, y el futuro era mañana.
…cuando todas mis cartas eran comodines.
…cuando vivir no era una carrera de obstáculos.
Vía albertpelias
domingo, junio 28, 2009
Al César lo que es del César
Descanse en paz.
viernes, junio 19, 2009
sábado, junio 13, 2009
jueves, junio 11, 2009
martes, junio 09, 2009
Poesía de Fray Junípero (1713 - 1784). La vida sigue igual.
DÉJAME
DORMIR, MAMÁ
Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.
Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.
Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.
Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!
Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.
Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.
Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán
Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.
Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.
Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso.
Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!
Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el dolor de cabeza
que produce el Parlamento! .....
domingo, mayo 31, 2009
jueves, mayo 21, 2009
lunes, mayo 18, 2009
Bichos increibles y tenaces
todas partes, y que si te embarazas, el planeta entero parece atravesar
una epidemia de barrigona gravidez. Puede que nuestro cerebro sólo sepa
mirar aquello que nos obsesiona, o puede que los acontecimientos vengan
en rachas. A veces la vida encadena momentos espléndidos. Pero otras veces los hados se ponen tenebrosos y empiezan a menudear a tu alrededor las historias tristes.
Por ejemplo, tengo una amiga, una violinista profesional joven y
estupenda, que ha sufrido un accidente y se ha hecho un estropicio
monumental en la muñeca y en el codo. Se recuperará, pero con esfuerzo
y una buena dosis de ansiedad suplementaria. A menudo el destino es así
de juguetón y malicioso: avería brazos de violinistas, piernas de
deportistas, ojos de pintores. Al mismo tiempo, otro amigo, una de las
personas más bondadosas que he conocido en mi vida, un tipo luminoso,
ha adoptado a un niño de cinco años procedente de un país lejano. Y
después del infinito trabajo que supone una adopción legal, de los años
de papeleo, de los nervios y la angustia y la esperanza, de haberse
pasado tres meses en una ciudad remota e incomprensible para recibir a
su hijo, resulta que el pequeño sufre accesos de cólera tan violentos y
continuos que mi amigo está herido, mordido, con moratones. No se sabe
si el pequeño padece alguna enfermedad y la vida se ha transmutado
súbitamente en una pesadilla.
Sí, Ésa es la palabra exacta: pesadilla. Los ciudadanos de las ricas
sociedades posindustriales vivimos dentro de un espejismo de seguridad,
como si no pudiera o no debiera sucedernos nada malo, como si los
reveses de la vida, incluyendo cosas tan naturales como la vejez y la
enfermedad, fueran una completa anomalía, algo que no tendría que
pasarte. Por eso, cuando el dolor llega, cae como una guillotina sobre
nosotros, como una pesadilla insoportable. Y déjenme decirles algo duro
de oír: el dolor siempre llega, antes o después.
No hay vida sin su cuota de sufrimiento. Soy una ferviente lectora de
los libros de biografías, y siempre me inquietó esa frase tan común en
muchas de estas obras: "Ésa quizá fuera la última época de verdadera felicidad de Fulano, porque al poco tiempo...".
Y ahí añadían que llegaba la enfermedad, o la muerte de alguien
querido, la cárcel, la guerra, la desgracia. El comienzo de la maldita
pesadilla.
Uno no suele hablar de estas cosas. El sufrimiento, en nuestra sociedad, es
algo que resulta inadecuado, inconveniente, sucio. Algo que hay que
ocultar. Pero, ¿cómo vamos a aprender a manejar ese dolor si ni
siquiera somos capaces de nombrarlo? Cuando cae sobre nosotros la
cuchilla de una desgracia, se produce, en primer lugar, una obsesión
temporal. Piensas en tu ayer intacto e inocente, antes de que
ocurriera. Si no me hubiera subido al coche del accidente, piensa la
violinista. Si no hubiera tenido la idea de adoptar, tal vez piense mi
amigo (en realidad, también podría haberle sucedido con un hijo
biológico). Si pudiera regresar al ayer, antes de que me dijeran que
estaba enfermo, o que mi esposa había muerto, o que... Añoras con
desesperación lo que tuviste, es decir, esa normalidad que seguramente
no apreciaste lo suficiente mientras la tenías. He aquí el primer
aprendizaje esencial que deberíamos intentar extraer de la certidumbre
de la desgracia: la felicidad es la falta de dolor y hay que intentar disfrutar de lo que se tiene. Es un pensamiento obvio, pero dificilísimo de llevar a la práctica.
Pero las calamidades te enseñan algo aún más importante: te descubren la asombrosa capacidad de resistencia que todos tenemos. El ser humano es un bicho increíble:
no sólo aguanta casi cualquier cosa, sino que además se adapta, se
regenera, reescribe la realidad y se reconstruye. Es muy posible que mi
amiga violinista termine progresando como intérprete, porque el
esfuerzo por recuperarse y el dolor del proceso puede hacer que mejore
y ahonde su ejecución. Y es muy posible que el hijo de mi amigo se
tranquilice y adapte, y que él termine siendo especialmente feliz al
saber que ha salvado a un niño con problemas de un futuro de infierno.
No estoy contando una novela rosa: la realidad ofrece todo el tiempo
ejemplos de este tipo. Incluso en los dolores sin remedio, en la muerte
y los duelos, somos capaces de seguir adelante y volver a encender una
luz en las sombras. Somos animales tenaces y llenos de vida. Es lo que nos ha hecho triunfar como especie.
Rosa Montero
EL PAÍS SEMANAL
martes, mayo 12, 2009
Otra gran pérdida
Descansen en paz. Larga vida a la música.
domingo, abril 26, 2009
sábado, abril 25, 2009
miércoles, noviembre 12, 2008
Acerca de mí
Madrid 2020
Queen
The Stone Pony
El origen de Springsteen

